Divulgando en la prepa

Mi primera experiencia escribiendo artículos de divulgación fue a propuesta del profesor de Español en la preparatoria y fue un mero accidente. El profesor solicitó la elaboración de un equipo de trabajo para el curso, un equipo para una actividad especial, mencionó. Levanté la mano y le comenté al profesor que mi equipo quería esa actividad. Era, dijo entusiasmado, la actividad más importante para él durante todo el semestre: la realización de una gaceta mural.

Nos pusimos en marcha, teníamos que realizar tres entradas durante el semestre. Utilizamos por primera vez los procesadores de texto, buscamos la mejor estrategia para promoverla y concluimos que debería de estar en una pared contigua a la dirección escolar, a la vista de todo el estudiantado y maestros. Nuestra primer desafío fue buscar la autorización del director, no sabíamos como reaccionaría con artículos pegados a la pared exterior de la dirección. Ya con la anuencia del director, elaboramos nuestros primeros artículos y los pegamos en una tabla de hielo seco forrada con papel en tono oscuro para resaltar las hojas blancas de los artículos. La estrategia funcionó, todos los días había estudiantes y maestros leyendo la gaceta mural.

Mi primer artículo fue acerca de los monopolios económicos y sin estar consciente de ello, había escrito mi primer artículo de divulgación. El artículo que acaparó la mayor atención, escrito por otro integrante del equipo, llevaba por título: “las medidas del pene”, atrayendo muchos lectores y generando comentarios que se podían escuchar en los pasillos. Nuestro profesor estaba maravillado con el éxito de la gaceta.

Para la tercera entrada decidí darle un giro al contenido y escribir acerca del grupo político estudiantil en turno (comité estudiantil). Mi crítica se dirigió principalmente a la poca o nula promoción de actividades para el beneficio del alumnado al que representaban y al pobre desempeño académico de algunos de sus integrantes que incluso tenían ya varios años en el mismo semestre. Mi artículo no duro más de 24 horas expuesto, al día siguiente fue arrancado y destruido. A las pocas horas fui forzado a acudir ante la presencia del presidente estudiantil y alrededor de una veintena de secuaces dispuestos a cobrarme la factura por lo que había escrito. El presidente estudiantil era una persona con alrededor de 23-25 años de edad, un poco viejo para la preparatoria, pero pacífico comparado con previos presidentes; se rumoraba que anteriores presidentes llevaban consigo algún tipo de arma de fuego. Después de un breve alegato me dijo algo parecido a esto: “en otros tiempos ya hubieras estado en el hospital, sin embargo ahora estamos cambiando la imagen y pues solo te pedimos no escribir de nuevo estas mentiras”; obviamente nunca me demostró la evidencia contraria a lo que escribí.

En un periodo de seis meses y a mis escasos 16-17 años, tuve mi primera experiencia en la divulgación y el periodismo escolar, experimenté la persecución política de un grupo estudiantil y viví la falta de democracia en México, aún en esos niveles de bachillerato. Decepcionado y con temor, me alejé de cualquier tipo de actividad periodística (hasta ahora que regreso a traves del bloggin). Tuve suerte, como lo dijo el bachiller presidente, de no terminar en el hospital como algunos de los rivales políticos del comité estudiantil.